Ficha artística

Intérpretes:
Tobías Lobera es Axel
Esther Lastra es Berna
Paz González es Elise
Begoña Labrada es Gerda
Adaptación y Dirección escénica:
Edy Asenjo

Ficha técnica

Espacio escénico e iluminación: Edy Asenjo
Vestuario: Sandra Bedia
Peluquería y maquillaje: Lola’s
Comunicación y prensa: Labedia
fotografía promocional: Ricardo López Blanco

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Hambre

de August Strindberg

El padre acaba de morir. En una casa, en una ciudad similar al Santander de inicios del siglo XX, una mujer, de sangre fría y oscuros pensamientos, ambiciosa y egoísta deambula por las habitaciones. Su hija Gerda, carente del más mínimo atractivo, acaba de casarse con un depredador, Axel. Su otra hija, es la voz de la conciencia de una familia aparentemente adinerada pero que pasa hambre y frío.
La corrupción, la mentira, la justicia, el deseo o el amor. La familia. El dramaturgo sueco August Strindberg realizó en 1907 un análisis de la revolucionaria sociedad de su tiempo en ‘El Pelícano’. El texto muestra los últimos días de una familia burguesa venida a menos en el convulso inicio del siglo pasado. Una familia en la que impera el frío y el hambre, impuesto por una madre que devora todo aquello que le rodea. Una familia como imagen de la sociedad en la que vivía.

Todos los personajes giran en torno a la figura de la madre. Una hija sin atractivo y un galán que se casa con la esperanza de conseguir una herencia. El descubrimiento de que ese patrimonio no existe pero sí otros documentos en los que se evidencia que el padre muerto conocía la verdadera personalidad de los miembros de la familia, saca a la luz la naturaleza sexual de las relaciones entre la madre y el marido de su hija. La obra se representa iluminada exclusivamente por velas, para fomentar las sombras en las que los personajes tratan de ocultar a la sociedad su verdadero carácter. La puesta en escena sugiere de la existencia de un elemento irreal que se puede atribuir a una presencia fantasmal o a la mala conciencia de alguno de los personajes por la muerte del padre de la familia. El egoísmo, las falsas apariencias y la violencia de las relaciones que arrasan todos los tabúes religiosos y sociales, atrapan al espectador sentado a escasos centímetros de los actores. Strindberg también presenta un sutil análisis de las relaciones humanas donde coexisten todos los fantasmas del autor: el maltrato mental, el fracaso de las costumbres, y el odio a las mujeres.